También conocida como: Fiestas de San Atilano de Tarazona
Por qué ir:
Dentro de las fiestas en honor a San Atilano de Tarazona, tiene lugar una de las tradiciones más singulares de Aragón: el Cipotegato.
El Cipotegato, vestido por un traje que recuerda al de un arlequín, sale a las 12 del mediodía desde la puerta del Ayuntamiento bajo una gran lluvia de tomates. Una tradición que muchos conectan con una leyenda según la cual con motivo de las fiestas de San Atilano, el municipio liberaba a un preso de la cárcel local a cambio de que este lograse sobrevivir a la lapidación por parte de los ciudadanos y lograse alcanzar una cadena que se encontraba a las afueras de la ciudad.
Hoy en día, las piedras de la leyenda se han cambiado por tomates y el reo por un muchacho local (existe la posibilidad de que sean mujeres, pero es todavía raro) que se escoge por sorteo y que mantiene su identidad en secreto hasta finalizar la fiesta. La ruta que sigue es secreta y al volver a la plaza debe subir a la estatua donde es vitoreado.
Al finalizar, los asistentes bajan por la calle Marrodán y desde las ventanas se arroja agua para “borrar” el tomate que ha manchado sus ropas. A partir de entonces arrancan las fiestas de la localidad.
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La "lapidación" del Cipotegato
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